VOCES

Antonia Bernal Benítez

Su historia no representa una excepción, sino a toda una generación de niñas y mujeres que sostuvieron con sus manos la vida industrial de Barbate.

Antonia Bernal Benitez
Testimonio

Estibadora en los años 70 y escritora

Antonia comenzó a trabajar de estibadora a principio de los 70, con apenas trece años en una fábrica conservera de Barbate. Dos años antes había dejado el colegio para ayudar en casa y cuidar de algunos de sus hermanos. En muchas familias, la necesidad pesaba más que la continuidad de los estudios. “La necesidad en las casas no permitía que los padres se preocuparan por los estudios. Ellos veían más importante el trabajo. No es como hoy”.

A esa edad ya cumplía una jornada laboral, pero seguía siendo una niña. Su vida se repartía entre la fábrica, la casa y la calle. “Yo venía de trabajar en la fábrica y me ponía a jugar”, cuenta. Sus amigas le pedían que antes se aseara y se cambiara aquella ropa impregnada de pescado. El uniforme era verde, con gorro, delantal y unas botas compradas “dos números mayores” para que duraran más. “El mal olor lo transpiraba el ropaje”, explica Antonia al recordar cómo el olor de la conserva se adhería a las prendas y acompañaba a las trabajadoras al terminar el turno.

Una voz que merece ser escuchada

La mujer era muy importante en el pueblo. En Barbate había mucha vida. No había nadie parado.