Testimonio
La peña que nunca dejó de ser peña
Más de medio siglo después, todavía hay personas que paran a Dolores Pacheco por las calles de Barbate para hablarle de algo muy especial:
“¡Qué buenos estaban los recortes en mojama de tu madre!”
Quienes se lo recuerdan son ya personas mayores, pero conservan en la memoria el sabor de las tapas que Adela servía en el pequeño bar que regentó junto al antiguo mercado de abastos. Aquella cocina sencilla y popular reaparecería años después en los fogones de La Peña El Atún, el negocio que Dolores y su marido, Manuel Corrales, hicieron crecer sin que nunca dejara de ser lo que había sido desde el principio: una peña.

Una voz que merece ser escuchada
“Los socios empezaron a llevar a sus mujeres. Y aquello cogió otra vida.”
